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jueves, 21 de julio de 2011

Mapa político latinoamericano se tiñe de rojo


Por: Eduardo David Ardón
América Latina presenta hoy un cuadro más homogéneo, favorable a los pueblos, en relación al pasado reciente, en el que predominaban las derechas con sus respectivas variantes.
Existen gobiernos democráticos de izquierda y derecha, de perfil populista de derecha e izquierda y de rasgos autoritarios por parte de ambos. Hay gobiernos tirados a la izquierda firmemente institucionalizados desde el punto de vista democrático liberal y de economía de mercado como el caso de Brasil, Chile y Uruguay.
Así como también los hay de derecha como podría ser el caso de México y Colombia.
En el análisis de los antecedentes de la actual situación de América Latina y sus perspectivas generalmente se omite el hecho más relevante de que de 1980 al 2004 esta región del mundo no creció o no creció del todo, en circunstancias en que se extendía el proceso de democratización política, de ejercicios de derechos civiles y políticos y, a la vez, se daba un amplio proceso de democratización cultural (acceso a educación y medios de comunicación).
El proceso de democratización de América Latina, se inicio a finales de los años 70, con los cambios electorales en Ecuador y República Dominicana, siguiendo en los años 80 con los casos de Argentina, Uruguay, Brasil, Perú y Chile, el fin de los conflictos políticos militares centroamericanos a fines de los 80 e inicios de los 90, hasta concluir con las elecciones mexicanas del año 2000 en que el PRI, perdió el poder después de siete décadas.
Estos sucesos, dieron como resultado, la instauración de muchos regímenes progresistas revolucionarios en el continente como Brasil, Uruguay, Chile, Ecuador, Bolivia, Argentina, Paraguay, Venezuela, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, además de la Cuba de Fidel Castro, creándose organismos regionales políticos y económicos como UNASUR que representan los intereses de los pueblos en menoscabo de los intereses de las oligarquías.
En el marco de estas realidades, se inscribe hoy, Perú, que el domingo 5 de Junio realizo sus elecciones generales, en las que se alzo con la victoria el candidato izquierdista Ollanta Humala, sobre la candidata derechista, Keiko Fujimori, hija del Ex Presidente Alberto Fujimori, condenado a 25 años de prisión por violación a derechos humanos de los ciudadanos peruanos.
Con lo ocurrido en las elecciones generales del domingo 5 de Junio del 2011, la izquierda vuelve al poder, en Perú, después de 25 años en circunstancias en que en la capital, Lima, también es dirigida por una alcaldesa de esta tendencia ideológico política.
Ollanta Humala, ganó las elecciones con la alianza de fuerzas Gana Perú, en la que participan veteranos líderes de la izquierda de este país, así como movimientos como el Partido Socialista y el Movimiento de Nueva Izquierda.
Para mejor conocimiento de este hecho, es necesario recordar que tras obtener la primera votación en las elecciones generales del pasado 10 de Abril, Gana Perú se vio en la necesidad de concertar con otras fuerzas y moderar su discurso nacionalista y de cambio del modelo económico para lograr que otras agrupaciones se adhirieran en la segunda vuelta como en realidad sucedió.
Con el cambio de discurso y de actitud hacia el modelo económico, Humala logro formar un bloque que atrajo el apoyo de reconocidas personalidades liberales como el escritor Mario Vargas Llosa, centristas de derecha como el ex Presidente Alejandro Toledo con su partido Perú Posible y movimientos de izquierda moderada como es el Partido Humanista del ex primer Ministro Yehude Simón.
Todos apoyaron la candidatura de Humala al mostrar este sus posiciones democráticas al hacer el llamado a la concertación y, fundamentalmente, para oponerse a la posibilidad de que el Fujimorismo regresara al poder a través de la Congresista Keiko Fujimori.
Como siempre ocurre cuando triunfan las concepciones de izquierda, los empresarios de la derecha recalcitrante y los inversionistas recibieron la victoria de Humala con una estrepitosa caída de la Bolsa, en la capital, Lima, las operaciones se paralizaron por dos horas tras la caída del 8.71% en la apertura pero, al reanudarse las operaciones, la caída creció hasta el 12.51%, lo que obligo a cerrar las operaciones anticipadamente, afectando más a las compañías mineras.
Por su parte, el jefe de la diplomacia del gobierno de Estados Unidos para América Latina, Arturo Valenzuela, anuncio que Washington está “muy dispuesto a seguir trabajando con Humala, así como lo han hecho con las autoridades anteriores del Perú, hacia adelante”.
Paralelamente, el candidato de Gana Perú, recibió las felicitaciones de los presidentes de Venezuela, Ecuador, Brasil, Argentina, Paraguay, Bolivia, Chile, es decir, todos los integrantes de la UNASUR.
La incertidumbre en la esfera económica está relacionada con la incógnita que representa Humala, un militar ex golpista, que en las elecciones del 2006 recibió fuerte apoyo de Hugo Chávez, que mete miedo al sector privado.
A pesar de que Ollanta Humala se distancio un poco de Chávez y ha presentado un programa moderado, sus propuestas iniciales referentes a la estatización y reforma de la Constitución, generaron desconfianza acerca de sus verdaderas intenciones.
Es el mismo cuento de siempre, cuando la izquierda avanza y ocupa posiciones de poder en el continente, la ultraderecha recibe los cambios con exagerado temor.
Aunque Humala en el discurso de la victoria se mostro conciliador y moderado, al prometer que su gobierno convocara a los mejores técnicos independientes para hacer un gobierno de concertación, de ancha base, donde nadie se sienta excluido.
Aunque los analistas de la derecha, hablan de crecimiento económico del Perú, la verdad es que el triunfo de Humala, ha motivado una profunda reflexión sobre las fallas del modelo económico, las instituciones y la elite política.
Humala capitalizó la persistencia de la pobreza en las áreas rurales, la desconfianza hacia los políticos y las divisiones de muchos partidos que no pudieron unirse alrededor de un líder con el Perú. La izquierda pinta de rojo a Latinoamérica.

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