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martes, 19 de enero de 2010

la rapiña en honduras

POR SER HISTORICO PUBLICAMOS ARTÍCULO DE MONCADA BUEZO

Historias de rapiña e impúdico servilismo
Oscar Moncada Buezo
Que los políticos corruptos, sus patrocinadores oligárquicos y sus beneficiarios, violen leyes establecidas y las buenas costumbres, mintiendo, y, reptando, sin ningún pudor, enviciados así para cristalizar y defender su principal objetivo, cual es, el de hacer rapiña del escuálido tesoro nacional, tal y como hoy lo hacen el dictadorzuelo y su corte de rémoras, eso no debiera sorprendernos.

Lo demuestran el golpe de Estado, los eventos posteriores, y las innobles e infames acciones, recientemente ejecutadas por diputados y empresarios, refiriéndome a: el tragicómico acto del 11/enero, premiando al espurio gobernador con el apelativo de “Primer héroe del siglo XXI”, el 12/enero, retirando a Honduras del Alba, sin decirnos qué han hecho con esos recursos ni cómo los pagarán, el 13/enero, decretando una inconstitucional diputación vitalicia para el innombrable, con el agravante de pagarle hasta su muerte un salario que no merece, además de brindarle eterna seguridad para él y su familia, y, el 14/enero, incluyendo como beneficiarios de la seguridad vitalicia a otros 45 funcionarios públicos: los titulares de la Corte Suprema, del Congreso, del Ministerio Público, a ministros y viceministros de facto y a los 6 miembros de la junta de comandantes de las FF.AA, en fin, a toda la claque conspiradora y ejecutora del golpe de Estado militar. ¡Cuán insondables son los límites del servilismo¡ ¿Qué sentirán por nosotros en el exterior: lástima o risa?

Asombrémonos, admitiendo que estos decretos constituyen la salvaguarda y respuesta lógica al miedo que claramente apremia sus conciencias por la ilegalidad cometida. La seguridad militar instituida, en conjunto con, la seguridad jurídica que les da la permanencia en sus puestos por los próximos 4 o 5 años, les asegura – según ellos, y, erróneamente – impunidad y una tranquilidad que jamás disfrutarán.

Empero, estas desfachateces no son nuevas en la memoria Nacional. Nuestro sistema político las ha hecho siempre; trayéndolas en sus genes. Así, la desvergüenza, la ignominia, la mentira y el dolo, constituyen la savia que circula por sus venas, transmitiéndose de generación en generación. Sólo revisemos cortamente nuestra historia: En 1850, finalizando su vida, Dionisio de Herrera manifestó; “Todo lo he sacrificado por la patria y aún me hallo con fuertes tentaciones de irme a vivir a otra parte. No hay país en el mundo donde haya más apatía, más pereza en los negocios y menos espíritu público que Honduras. No veo entre nosotros Fabricios, Régulos, ni Washingtones, sólo veo hombres que quieren elevarse, y que sin títulos bastantes, se creen capaces de gobernar el mundo”.

En 1837, durante la epidemia de cólera que atacó Centroamérica, Francisco Morazán, gobernante a la sazón, sufrió los ataques de la reacción política y especialmente del clero, cuyo resentimiento se había exacerbado por el desmantelamiento de las congregaciones religiosas y la supresión del diezmo. En tal circunstancia, aprovechándose de la credulidad de sus fieles, los religiosos predicaban que esa plaga era una manifestación de la ira divina contra el impío que ocupaba el poder. Cuando las autoridades gubernamentales desinfectaban los pozos, los curas hacían correr la voz que, en realidad, los estaban envenenando. Cuando establecían cordones sanitarios alrededor de las localidades contaminadas, los religiosos denunciaban esas precauciones como medidas genocidas para que los habitantes no pudieran escapar del contagio. Mientras, en los conventos, “monjas visionarias” tachaban a Morazán de ser el Anticristo. Ese boicot clerical terminó por fomentar una insurrección armada de los indígenas de Guatemala, fanatizados por el líder mestizo analfabeto, Rafael Carrera (Alias Porquerizo de Mataquescuintla), quien proclamaba ser la reencarnación del arcángel Rafael, cuyas hordas armadas sembraron el caos en C.A. ejecutando pillajes, incendios y masacres.

En 1844, para sepultar la obra legislativa de Morazán, el ejecutor de la contrarrevolución conservadora en Honduras, Francisco Ferrera, puso nuevamente en vigor las antiguas Leyes de Indias de la colonia, restableciendo con ello el diezmo, que duró hasta 1878, cuando fue proscrito por Marco Aurelio Soto. Y, hablando de Soto, su enorme legado a la nación, que incluyó obras, la modernización del Estado, la emisión de muchísimos códigos y el impulso definitivo de la evolución del país, se vio manchado por la abolición de todos los impuestos a la exportación mineral y la emisión del código de minas de 1881, con los que favoreció a la Rosario Mining Co, parte de cuyo capital accionario paso a su poder, como recompensa por las disposiciones legales propiciadas por él, y que garantizaban a la mencionada compañía pingües y rápidos beneficios.

En 1911, Samuel Zemuray apoyó veladamente el regreso al poder de Manuel Bonilla, financiándole la compra del buque de guerra americano, el Hornet, y la contratación de un puñado de mercenarios dirigidos por el aventurero Lee Christmas, quien se autodenominaba “General”. Una vez en el poder, Bonilla recompensó a Christmas, nombrándolo jefe de las fuerzas armadas hondureñas, y, a Zemuray con una nueva concesión de 10,000 hectáreas para el cultivo de bananos. En esos días, la United Fruit Company había sido beneficiada, concesionándosele 71,000 hectáreas, a cambio de construir líneas férreas, que incluso comunicarían Tegucigalpa, y que jamás se construyeron, puesto que solo lo hicieron entre sus fincas y sus muelles y para sus propósitos exclusivamente.

El 6 de julio de 1944, los matones del dictador Tiburcio Carías, en San Pedro Sula, cometieron la más horrible carnicería contra civiles indefensos que se recuerde, al asesinar y masacrar a casi 70 personas, sin que a la fecha se haya ajusticiado a los culpables, no obstante que la historia los registra con nombre y apellido. En junio de 1954, el presidente Gálvez apoyó los esfuerzos de la CIA para que en Tegucigalpa y otros sitios se prepararan fuerzas irregulares, al mando de Carlos Castillo Armas, las que salieron de Honduras para derrocar el gobierno legítimo de Jacobo Arbenz que intentaba reformas sociales en Guatemala.

En octubre de 1957, mediante el mítico “Pacto de Agua Azul”, Ramón Villeda Morales le concedió autonomía a las FF.AA., a cambio de que la Asamblea Nacional Constituyente, de mayoría Liberal, le nombrase Presidente, ahorrándose con ello elecciones directas. De este craso error, derivaron los golpes de Estado posteriores, hasta el actual; el militarismo como cultura, responsable de asesinatos y violaciones a derechos humanos en los 80`s, el sostenimiento y apoyo de la contrarrevolución nicaragüense en suelo hondureño, negándola durante 7 años, permaneciendo a la vista de todos, menos de Suazo Córdoba y Azcona.
Tiempo es lo que falta para recordar las fechorías de cuanto sátrapa y traidor nos ha gobernado. No nos asustemos entonces por las felonías e insensateces de los tiranos de turno.

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